Te voy a contar una historia le dije, y de inmediato comense con el relato, "la historia de la cajita musical" la llamo, ¿aun puedes escuchar mis pensamientos?. Pero ten en cuenta que esto sucedio cuando mi altura apenas bordeaba el metro, un cuerpo pequeño, solia albergar menos angustias, y la leve inocencia aun no terminaba de perderse.
Un día como tantos, pase por aquella dependencia a comprar algunas pastillas y otros encargos, y aunque mis ojos son miopes y pequeños, siempre lograban divisar alguna novedad en mi alrededor, cuando de pronto de tanto espiar vitrinas, descubrí aquella cajita musical, era realmente preciosa, de color lila, de tres pisos y en el interior se podia apreciar unas pequeñas alfombras rojas, para cada compartimento. "Sera mía" pense de inmediato, aunque esa felicidad chiquita (como le digo yo) durara tan solo unos segundos, porque de inmediato repare en el precio, demasiado inaccesible para mis propinas, y el tiempo no revelaba ni cumpleaños ni navidades cercanas, como para pedir aquello como regalo, "es algo innecesario" me dirian, pero yo la queria y eso era suficiente.
Día tras día, buscaba el menor pretexto para poder ir a esa dependencia, aunque con argumentos absurdos, pero mientras esperaba con la malicia intencional de que atiendan aotras personas, yo caia sobre mis rodillas raspadas, para comtemplar con anhelo mi preciado objeto. Eran días constantes de obsecion, (porque la obsecion es la prima hermana de la locura) de imaginar todas las ideas necesarias, (y las dislocadas tambien) para hacer mia la cajita musical. Asumo que entre mis extrategias, estuvo la de solicitar un prestamo a alguno de mis abuelos, ya que la mente me ayuda a recordar que la manera de que obtuve la belleza lila, fue atravez de un pago que realizó mi abuela, y así fue, como con tanta alegría llegue corriendo a casa para desempaquetar mi tesoro. Fueron días de escuchar una y otra vez el pequeño instrumento, sus tremulas notas me apaciguaban en distintos estados de ánimo, aveces simulaba ser una muñeca de ballet con ella, otras me quedaba dormida escuchandola mientras una lágrima se resecaba en mi mejilla.
Y así trascurrio el tiempo, hasta que le perdí el interes, y de pronto un día descubri el mensaje instantaneo, La felicidad que me produce algo no me sirve ni funciona si es que tengo que darle cuerda.
Y así termino la historía le dije, recuerdo mi vida como escenas de films, ¿lo sabías no? pero lo que no sabes, es que ya no quiero contemplar la felicidad desde la vitrina, ni adormecerme con ella, ya no quiero tener que darle cuerda para que funcione, ya no quiero que sea hermosa y valedera, ni que me cante despacito mientras apacigua mis demonios. Ya no quiero ser parte de la felicidad, quiero que algún día la felicidad sea exclusiva para mi, aunque sea esa felicidad chiquita, si no es así, ya no quiero anhelar ser feliz, porque al menos siempre viví con mi segura infelicidad, y en honor a la verdad es con ella con quien prefiero quedarme, así es Felicidad, ya no te anhelo más.