Me gustan los parques y los bares porque ahí respiro los aromas verdaderos, aquí nunca es más certero encontrar los bagajes mas sinceros en los ojos del projimo.
Son millones elevadas al número mas aritmetico, la cantidad de historias que se pueden encontrar en estos lugares, cada cual mas torcida que la otra, y unas nuevas que se van formando con el color de la tarde, o con la espesa densidad nocturna que vuelve insolito y disoluto al instante, alumbrado por el pequeño foco que muchas veces es de un rojo facilitoso.
Los parques y los bares son entes que reciven de todo, desde jovenes abandonados a su suerte y a lo tormentoso de sus pensamientos, hasta ancianos desvencijados, que con solo tambalear su pesado cuerpo sobre una calle, van mostrando sus marcas de tiempos inmemorables que fueron mellando su cuerpo, actos que quizas, son menos decorosos que la contraccion de un vaso de cerveza fermentada contra su mano llena de arrugas.
A los parques y los bares no es necesario acudir con invitacion, ni mucho menos con traje de cocktail o acompañante anticipado, aquí la soledad se vuelve ligera por instantes, pero por otros, recae con furia sobre nuestras almas, y la desgarra y le quita sus ultimas monedas de esperanza. Tambiém podemos acudir con algun ser que pretenda comprender nuestra tribulaciones, un amigo, un hermano, un compañero con el que nunca hablaste pero tan solo te sientas a fumar y dicernir sobre canciones y peliculas entrañables, o quizas con muchos mas camaradas, con los que buscaras cualquier motivo para sonreir a travez de una botella.
En los parques y los bares, tambien puedes acudir, con tu protagonista de turno, ese con el que vives uno de tus libros favoritos. Aveces solo te quedas en silencio, y esquivas su mirada para que no penetre y se ensucie con tus pensamientos, para intentar alucinar que esa atmosfera que tienes de estos lugares guardan celosamente los instantes seudo perfectos, proncunciandose entre sí, frases cifradas, o ciertas palabras que en el momento se creen eternas. Pero también son tetsigos de tragedias terribles, cuando impulsado por demonios internos, desgarras con una sola palabra la piel del que por error se metio en tu historia.
Los parques y los bares son mis lugares favoritos, aquellos donde viví mil y una historias, donde deje tirado el dolor de cada existencia diaria, o donde respire de aire enraresido para tratar de reforzar mi alma podrida. Yo nunca me arrepiento de los lugares que visito, ni los que escojo para que sean escenarios de mi historia, yo no blasfemo del espiral de mis sentidos, ni de la visita constante a mi pasado, con la perdida de un presente casi inexistente, para repeler con el maldito vaticinio el futuro, yo nunca me desligo de los parques y los bares.