lunes, octubre 29, 2007

LA PROSTITUCION DE LA PALABRA

Me aburrí de los humanos, y de sus palabras similares a los globos de gas, tan infladas de alegorias querendonas, pero que al final cuando son destapadas, solo encontramos un airecillo vetado, que a muchos marea, pero que en lo personal solo me ha producido naúseas.

Pero porque escupir al cielo, si soy perteneciente a esa raza maldita. Cuantas veces me he regocijado con la palabra, masturbación emocional en pleno. A muchas les he dado vida mediante la copula entre mi halo siniestro y mi suspiro anhelante, y he jugado a ser Dios, para darle el destino que más le plazca al regente absoluto de mi corazón-cerebro.

Sin embargo reconozco mi diferencia más certera, mis cambios sistematicos de rol, los guardo para mis ficciones mas queridas, mis trozos desgarrados y aberrantes de autoflagelo para un seudo poema, y las instancias catarticas para prosa como la presente, que aunque sean bienvenidos los pocos visitantes que lleguen por este mi reyno, siempre he sentido mayor placer en saberlo perdido sólo en mis adentros.

Aunque aprendí a no psicosearme por no encontrar el absoluto, hay una cosa de la que tengo plena seguridad, la palabra ha sido para mí, aquel hombre viejo que me recogio un día de mi indigencia nocturna, para refugiarme en su casa alterna, en donde mi locura encontro abrigo y nunca más escenas de marginación. La palabra un día me salvo, y es por ello que mientras me quede aliento, ahora seré yo quien salvaguarde a este viejo bohemio, desterrando de mi reyno a aquellos charlatanes que sólo son cafichos de paso, aquellos que lo prostituyen para benificios netamente burdos.

domingo, octubre 21, 2007

LEIA

Hubo un día en que el destino me regalo a un ser especial: mi hijita Leia. A si es, para sorpresa de muchos, yo tuve una hija. Un pequeño ser que no salió de mi utero ni de mis entrañas, si no, de lo más ondo de mi alma. Aún recuerdo el día de su nacimiento, agotada por ser la última en salir a la superficie, con su cuerpo blanquisimo, y demasiado endeble a comparacion del resto. Sus ojos cerrados denotaban una respiracion angustiosa, nadie hubiese apostado que viviría más que un par de horas, pues decian que habia nacido demasiado debil, pero yo la ví, y de inmediato se produjo el renacimiento, Leia ahora iba a nacer de mí, de mi espíritu.

Eran días en que ella se aferraba a la vida, luchaba con corage a lo que su destino biologico la estaba condenando, y su pequeña fuerza me contagio, para que por primera vez tuviese fé, por que estaba totalmente segura de que se salvaria. Y asi fué, Leia no solo se salvo, si no que a la semana era la mas hermosa de sus hermanos, aunque pequeña y delicada, su belleza diáfana era sin par, pese a que su talante era un poco desmotivado y melancolico (genes que sin duda me los heredo) y cuando por fin pudo abrir los ojos, note que su mirada era especial, esos ojos caramelo denotaban una mezcla de tristeza y regozijo, y desde ese momento supe, que con tan solo mirarlos entendería siempre lo que ella trataria de comunicarme.

Leia, se convirtió en mi hija sin lugar a dudas, y destine horas para llenarme de su compañía, la alimentaba, bañaba, cambiaba (le confeccionaba ropa muy peculiar) y por supuesto que saliamos juntas a caminar, mirar el horizonte, o simplemente estar una al lado de la otra. Pero como no todo lo bueno es eterno, presagios oscuros se asomaban, y mi destino no podia salirse de su rol.
Aún recuerdo como me doliia dejarla, cuando debia ausentarme de casa, pues sabia que no la veria hasta la noche, me estaba perdiendo instantes eternos junto a ella, lo cual nos aniquilaba el alma a las dos.

El dia que se extravio, sali enajenada a recorrer las calles por toda la noche en su busqueda, hasta que alguien gentil, la trajo por mi parque, por que decian que la pequeña no habia dejado de llorar toda la noche y solamente se arrastraba hacia una direccion, hacia la mia.
Leia, nunca me reprocho nada, ni siquiera los momentos en que mis demonios me atacaban y tan solo obtaba por alejarme de todo y de todos (incluso de ella) pero jamas me lo reprocho, para ella lo único importante era estar conmigo, todos lo reconocian, decian que Leia, siempre tenia una mirada tristona, y que solamente se borraba cuando abvertia mi presencia, y juro que en muchos instantes a mi me pasaba lo mismo.

Pero estaba escrito, mi alma no merecia a un ser asi, y al poco tiempo de haber cumplido un año, mi pequeña murio, victima de una aberrancia de humano, que tuvo la maldita idea de colocar veneno por los lares de mi casa. Sin embargo hay algo que siempre me jure: si algún descubriese su identidad, lo mataria con mis propias manos. Recuerdo que al borde de la locura la lleve corriendo al veterinario mas cercano, el imberbe le aplico muchas inyecciones costosisimas, que segun él la salvarian, pero no fue asi, una tarde horrorosa me aguardaba, horas de angustia, las peores de mi vida, por que la tendria que ver desfalleser en mis brazos.

En sus ultimos instantes, la mire a los ojos, y como siempre, entendi lo que me quizo decir, fue muy nitido y liberador al mismo tiempo, un segundo despues, ella murio con mi mano sujetando su corazón. Aún recuerdo con claridad, lo que me comunicó, y pese a que fue el acto mas inundado de amor, no puedo dejar aun de reprocharmelo.

Para estas fechas Leia hubiese cumplido 5 años, y aunque fisicamente no este, ella siempre sera parte de mi espiritu. y tengo la absoluta seguridad de que nos reuniremos... y quizas ese día no se encuentre tan lejano. Pero por ahora, mientras aun me encuentre deambulando en este universo terrenal, su recuerdo me acompaña en mis instantes dolorosos, en mis momentos de efimera alegría, y no me angustia la idea de dejar este plano hemisferico, porque sé, que al otro lado, podre reunirme con ella, con mi Leia.

lunes, octubre 08, 2007

LA PRINCESA DRAGON

Hay momentos en los que comprendemos ser seres disociados del cosmos, como aquel planeta desintegrado producto de una portentosa supernova. Sin embargo a veces, aquella abstracción, tan solo nos remite a atmósferas oscuras, túneles sin salida, espirales indestructibles, pero sobre todo a aislamientos infinitos.

En alguno de esos ciclos de penumbra y extravío, tuve la fortuna de encontrar un maravilloso trozo de cristal, en el que logré reflejarme como en el más diáfano de los espejos, y desde ese preciso instante todo cambio, todo se volvió más comprensible, más aceptable… más vivible.
Ese ente luminoso fue “Sobre héroes y tumbas” la magnifica obra del genial Ernesto Sábato, la cual significó mi comprensión milenaria a los misterios que acechaban a mi alma, y solo necesite llegar a las páginas finales del primer capitulo: “El dragón y la princesa”, para que a través de ese párrafo, lograse comprender los designios de mi existencia: “Como si fuera una princesa dragón, un indiscernible monstruo, casto y llameante a la vez, candoroso y repelente al mismo tiempo; como si una purísima niña vestida de comunión tuviese pesadillas de reptil o de murciélago. Y los vientos misteriosos que parecían soplar desde la oscura gruta del dragón-princesa agitaban su alma, la desgarraban, todas sus ideas eran rotas y mezcladas y su cuerpo era estremecido por complejas sensaciones”.

Tan solo un espíritu profundo y sensible, como el de Sábato, había logrado trasmitirme el valor necesario, para no querer huir nunca más de lo que era inevitable, y así poder acercarme a la usanza de observar a mis demonios jugar a la ronda con mi inocencia más infinita. Y es que todo surgió en redor a la imagen de la “Princesa Dragón”, la cual estaba encarnada por uno de los personajes más entrañables de la literatura universal: Alejandra Vidal, una mujer compleja en demasía, de alma tormentosa y recóndita, pero que a su vez se encontraba anhelante de redención y comunicación, para poder abrirse paso de su turbulencia.
Al saber de ella, por primera vez creí en la reencarnación de los espíritus, y me zurré de lo que cualquier psicoanalista -o simple mortal- llamaría alienación, por que tenia la completa seguridad de que aquel personaje ficcional, definitivamente se trataba de mi alterego. Poco a poco el asombro se iba apoderando de mi alma, cuando los fragmentos de aquella notable prosa, me iban entregando más piezas del rompecabezas que significaba mi talante: “Era la expresión profunda y un poco triste del que anhela algo que sabe, por anticipado, que es imposible; un rostro ansioso pero ya de antemano desesperanzado, como si la ansiedad (es decir la esperanza) y la desesperanza pudieran manifestarse a la vez. Y, además con aquella casi imperceptible pero sin embargo violenta expresión de desdén contra algo”.

Como era de esperarse, el imaginario de la Princesa Dragón, se iba completando, y bastaba con conocer al resto de personajes, para envolverme en la fascinación total, de aquellos antihéroes hermosos. Seres de la casta más genuina, como el melancólico y solitario Martín del Castillo (de alma eternamente sensible y autentica) el portentoso y desquiciado Fernando Vidal Olmos, o el idealista y bucólico Bruno Bassán.
Para ciertos seres, los designios siempre se hallan marcados a fuego, y estaba escrito que la Princesa Dragón se encontrase con el candoroso Martín, y para bien o para mal, así fue.
Deslumbrado tal vez por una visión engañosa, o quizás la simple necesidad afectiva -propia de aquellos que reconocen a los signos comunes en el prójimo- es que Martín llego a mi vida, pero siempre de una manera intermitente. Sé que en algún momento intentó comprender los jeroglíficos que se dibujaban en mi alma extraña, pero esto, tan solo le valió haber sido el oponente más desarmado –y derrotado- de una complicidad borrascosa, por que aunque intentase redimir mis momentos más sombríos, siempre el dragón acechante, salía de su gruta, para quemar con furia irracional sus quimeras mas hermosas; pese a que muy dentro mío, la princesa ansiaba que aquél muchacho nostálgico llenase de estrellas a su planeta.

Martín era poseedor de un alma frágil, y nunca mereció las incertidumbres que solo podía brindarle mi condición de Princesa Dragón, y tras esos momentos de desgarro, logré reconocer de inmediato, algunas de sus palabras -y muchos de sus pensamientos- cuando halle un párrafo, que su lectura -de seguro- me hirió mucho más a mi que a él: “En cierto modo estaba sin defensa ¡pero que lejana, que inaccesible que estaba! Intuía que grandes abismos la separaban y que para llegar hasta el centro de ella habría que marchar durante jornadas temibles, entre grietas tenebrosas, por desfiladeros peligrosísimos, al borde de volcanes en erupción, entre llamaradas y tinieblas, Nunca, pensó, nunca”.
Y como era lógico, Martín nunca (hasta ahora) terminó de entender el destino de la Princesa Dragón, y pese a que, el sentimiento (quizás de odio, quizás de amor) aun exista, él, tan solo opto por huir, es decir, por embarcarse en aquel viejo camión, rumbo a la Patagónia, para cerrar por fin el libro.

Pero Sobre héroes y tumbas, no solo es la historia de Alejandra y Martín, pues mi estupor también se hizo presente, tras la lectura de ese capítulo casi aislado que es “Informe sobre ciegos”, magistral relato surrealista, en que la ceguera es la metáfora perfecta de la penumbra y el extravío en la que transitan algunas almas. Y ni que decir de todo el universo existencialista de su autor, que se ve reflejado en atmósferas oscuras, pesimistas y bipolares; en el que confluyen, las ideas más aberrantes de un mundo desgarrador e impío, junto a las sensaciones más hermosas y sencillas del universo.
Sin duda, fueron páginas que fortalecieron mi espíritu, para poder batallar en aquél sistema opresor y corrupto, en esta “Madre Cloaca”, que día a día trata de aniquilarme con sus argucias mas maléficas, y a la que intento combatir, con la sola esperanza de saber, que de ella pueden nacer circunstancias y seres tan maravillosos como Martín del Castillo.
Sobre Héroes y Tumbas es un gran trozo de cristal, que siempre iluminará mi camino, pero sé, que aún existen muchos más dispersos por el cosmos, quizás algún día los una todos, y con ese gran concreto logre convertirme en mejor persona, por lo menos en alguien que deje un poco de lado el lastre de la necedad.
Pero lo que si es seguro, es que desde el preciso instante en que cerré éste libro, de inmediato deje de repeler las toxinas que recorrían mis venas, las cuales amorataban de cuando en cuando a mi endeble corteza, y es que gracias a Sábato el temor nunca volvió a ser el mismo, por que al fin entendí que la princesa siempre estará unida al dragón… siempre… hasta el infinito.