La muerte siempre estuvo cercana, ella ronda a mi cuerpo como un pájaro negro, pero no se trata de cuervos ni malos agueros, simplemente de figuras errantes que cumplen un trabajo predestinado.
No hubo necesidad de preguntarme más, ¿que cruzaria por la mente del ave para que entierre el cráneo en el asfalto?. Cuando vi el charco de sangre recorde cualquiera de mis pensamientos más intensos, el cual me llevaria a realizar el mismo deporte de aventura en el acto, y estuvo cerca.
Esa torrente sanguinea que se embrolla con mis cavilaciones extrañas, sedió un paso antes de enterrarme, la tribulacion, el peso pero sobre todo el miedo, de sentir que la poca razón se acababa en ese segundo, junto a las ganas desdesperadas de enterrar el craneo en el asfalto.
Los animales son mas sabios que los humanos, ellos saben cuando dar por concluida la historia, sin embargo de la mamera más improbable yo me aferre, me sujete a una sania inexistente, y tome los medicamentos que siempre me han sido efectivos.
Sin embargo luego de la prueba librada, aun pienso y temo de que este fue uno de los primeros llamados, quizas vengan más, quizas ya no, lo que si es cierto es que luego de dias de sentirme a salvo pude recordar lo que pensó el ave antes de estrellar su craneo en el asfalto.