El tumulto imperioso que nunca se libera de mi pecho es parte del destino
el dolor pristino de cada mañana, me orilla a sostenerme mientras me cuelgo del suelo
el sorbo de realidad aviba mis pesadillas, como mis mas vergonzosos lados humanos
quiero separarme del cemento petrificado que incubé con mis culpas y volar en pleno cielo negro.
Estoy tan impiamente presente que el sólo hecho me averguenza
he depositado sin querer mi halo en un puñado de planetas, y la culpa me resquebraja
No existo más que en mis intrincados pensamientos y maniáticas fantasías
y sin embargo el cielo ah quemado en tu corazón una estrella negra.
En mis ojos ya no existen gotas de inosencia o vistillos de ilusion común
mi boca es una maraña de pensamientos turbulentos vueltos en concreto
y el cansancio de mi piel alberga pliegues de desconfianza y aislamiento
Ya nada es nuevo, ya la estrella se fundio, y aún asi su energía flota por ciertos aires.
Según las leyes del karma, el destino deberia albergarme un fundimiento cercano y certero
sin leyendas, sin recuerdos, y mucho menos sentimientos probocados en segundos y terceros
No he cumplido la única misión a la que le debía mi existencia y mi mente flagela a mi alma
Su olvido absoluto y violento debe ser el mejor final para la estrella negra.
jueves, julio 30, 2009
lunes, julio 27, 2009
ESPACIO Y TIEMPO
Al regresar a aquél lugar, las circunstancias fueron profundamente distintas, como cuando miras una fotografia con todos los dolores del mundo sobre tus cienes, los colores ya no son tan vivases, y el sólo intento de apreciar la belleza de un paisaje cuesta muchisimo.
Le parecía increible a la princesa, que alguna vez el mismo espacio que ahora encerraba a un puñado de extraños -muchos de ellos inconexamente consanguineos- antes habia sido un mundo entero con sinonimo a juguete, con colores de inocencia, con olor fresco a unidad, aquella en donde ella, aúnque pequeña al fin al cabo, era princesa de linaje y de culto, aunque sus instintos de dragón ya emanaban con alguno de sus gestos desdeñosos.
A ella siempre la embrujaban las alturas, la fortaleza de arriba que significaba el espacio en que la pequeña princesa corría a su libre albedrio, lugar abierto de suelo bondadoso, no dudaba en recibir alguna de sus rodillas. Pero era tanto el esmero que prodigaban a esa carita de pomulos rosados y ojos entornados, que siempre debia tener un cinto de seguridad, la tarea era cumplida por la hermana doncella. Cuanto la queria, cuanto la abrazaba, tantas veces la apretaba tanto para saber si era real la pequeña princesa, pero sin embargo era ella quien la veia como una doncella hermosa a su cuidadora, florecientes 13 años que la princesisa queria ya tener, para ser como su mas cercana debota.
Sin embargo el tiempo no perdona ni a las princesas ni a los dragones, esa escalera infinita que separaban metros de peligro, ahora podian ser cruzados de un solo salto, el piso bondadoso ya luce gastado, el olor a unidad fresca se marchito en trozos resquebrajados, la bella doncella ya no es para nada doncella, aunque en su mirada aun conserva ese aire particular y bello de las mujeres de su estirpe, la pequeña princesa ya no tiene vestigios ni de pequeña ni de inocencia, y sin duda en su mirada y sus pliegues se vuelve mas visible su condición de dragón desdeñoso.
Al regresar a aquél lugar, de inmediato descubrió cual era el abismo principal que separaba sus recuerdos borrosos de su presente, todo ello mientras olia esa mezcla de flores enrarecido. La diferencia contundente, era que antes aquel lugar habia significado vida, el ingreso a una experiencia hermosa para abibar sus fantasias infantiles mas certeras a la que siempre pedía retornar, hoy lo que la habia hecho regresar y encontrarse con los mismos personajes del pasado, era nada menos que la muerte.
Le parecía increible a la princesa, que alguna vez el mismo espacio que ahora encerraba a un puñado de extraños -muchos de ellos inconexamente consanguineos- antes habia sido un mundo entero con sinonimo a juguete, con colores de inocencia, con olor fresco a unidad, aquella en donde ella, aúnque pequeña al fin al cabo, era princesa de linaje y de culto, aunque sus instintos de dragón ya emanaban con alguno de sus gestos desdeñosos.
A ella siempre la embrujaban las alturas, la fortaleza de arriba que significaba el espacio en que la pequeña princesa corría a su libre albedrio, lugar abierto de suelo bondadoso, no dudaba en recibir alguna de sus rodillas. Pero era tanto el esmero que prodigaban a esa carita de pomulos rosados y ojos entornados, que siempre debia tener un cinto de seguridad, la tarea era cumplida por la hermana doncella. Cuanto la queria, cuanto la abrazaba, tantas veces la apretaba tanto para saber si era real la pequeña princesa, pero sin embargo era ella quien la veia como una doncella hermosa a su cuidadora, florecientes 13 años que la princesisa queria ya tener, para ser como su mas cercana debota.
Sin embargo el tiempo no perdona ni a las princesas ni a los dragones, esa escalera infinita que separaban metros de peligro, ahora podian ser cruzados de un solo salto, el piso bondadoso ya luce gastado, el olor a unidad fresca se marchito en trozos resquebrajados, la bella doncella ya no es para nada doncella, aunque en su mirada aun conserva ese aire particular y bello de las mujeres de su estirpe, la pequeña princesa ya no tiene vestigios ni de pequeña ni de inocencia, y sin duda en su mirada y sus pliegues se vuelve mas visible su condición de dragón desdeñoso.
Al regresar a aquél lugar, de inmediato descubrió cual era el abismo principal que separaba sus recuerdos borrosos de su presente, todo ello mientras olia esa mezcla de flores enrarecido. La diferencia contundente, era que antes aquel lugar habia significado vida, el ingreso a una experiencia hermosa para abibar sus fantasias infantiles mas certeras a la que siempre pedía retornar, hoy lo que la habia hecho regresar y encontrarse con los mismos personajes del pasado, era nada menos que la muerte.
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