No hay duda de que ella es una estrella, no habrá ente poderoso de algún hemisferio que lo niegue, ni vinculo teológico que se encargue de enterrarla, y es que una estrella de su especie, no tiene raíz teórica y mucho menos lógica.
Bajo su creación ella danzaba sobre los mares de su imaginación, para luego teñir de sus colores a los planetas que la rodeaban, pero no paso mucho para que cayera en cuenta que su brillo era extraño, de una intensidad dañina para las auras de los demás astros. Y así fue creciendo a su libre albedrio alejada de los soles y las lunas que iban adquiriendo una forma determinada y hermosa con la luminosidad que irradian los entes admirados e imitados. Mientras tanto la estrella sólo se dedico a afilar sus puntas y a dar rienda suelta a su particular y enrarecido brillo.
Cuando aún no terminaba de formarse, un día el peso de su centro la hizo estrepitarse varias veces del cielo al suelo, condición de estrella caída que aún conoceria los rasgones de sus propias puntas y el oscurecimiento de su halo cuando su brillo era llevado al extremo, para así convertirse en una estrella negra.
Errante se concentra en la paradoja de su destino, ser estrella y no ser guía de nadie ni brillo que alumbre caminos, ni cuerpo celeste que deba ser admirado por belleza o atributos; ser estrella y perderse en pleno cielo negro para no ser alcanzada por telescopios que nada tienen que ver con su envergadura, ser estrella y brillar intensamente solo para luego lastimar a los que se atrevieron a mirarla.
Sin embargo, ha pasado un año de que alguien pudo divisarla de cerca, un muchacho extraviado en sus pensamientos, que no se sabe si la hallo en el suelo, cuando por alguna tristeza miraba sus zapatos con el cabello sobre su rostro, o en el cielo, aquel lugar al que mira cuando sus ojos se vuelven mas grandes, lo único cierto es que él lo sabía, él sabe que ella es una estrella.
miércoles, junio 18, 2008
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