Es en aquellos, mis viajes tormentosos del inconciente, donde el hipocampo alverga las ideas que se tratan de esconder de mi propio ser, a las cuales he disparado en la fria luz de la mañana, para luego darles una triste despedida, amparada con mis antiguos trajes negros.
El destino rige la condición, o simplemente se encarga de la mezcolanza mas vertiginosa. El peligro radica en viajar entre estaciones oniricas, imagenes surrealistas y la más borrascosa pesadilla, y pasar de una a otra como quien cruza un pequeño rio, uno muy delgado quizas, y donde el balsero sea el Dragon disfrazado de caronte.
Pero fue en la última madrugada, entre la imagen que sólo regresa historias absurdas interpretadas por actores conocidos y la recurrencia del vacio, en donde te encontre. Te paraste en mi porton y me llamaste con la voz entrecortada, quisiste disimular tus angustias lejanas y me entregaste palabras anhelantes con cierto adorno de cinismo, pero yo, como es que estaba yo en ese momento? escuchandote tras el fortin del dragón, manchada de decidia y algunos días con olor a muerte, y tratando de ocultar la herida que poco a poco se nota más.
¿Algún día volveremos a vernos? y quizas en una de esas madrugadas ya no tenga temor de mirar mi reflejo, ni la verguenza de que alguien vuelva a mi rostro. Quizas esa madrugada cambie una de mis pesadillas por el sueño que tuve ayer, y vuelva a escuchar tu voz anhelante, que quizas trepe el porton del fortin del dragón, para bailar con la princesa un cantico de nueva estacion.
martes, junio 12, 2007
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